Alertas y SLOs
medir para actuar
Una alerta conecta una señal con una acción. Un SLO define cuánto deterioro puede aceptar el servicio; la alerta avisa cuando el ritmo de fallos amenaza con agotar ese margen.
De un informe fallido a una notificación
El worker ya expone cuántos informes terminan correctamente y cuántos fallan. Prometheus puede convertir esas métricas en una regla sencilla:
si los fallos superan el 1 % durante 5 minutos -> notificar
Prometheus comprueba la condición periódicamente. Exigir que se mantenga durante cinco minutos evita avisar por un pico breve. Si continúa, Alertmanager envía la notificación a la persona o al canal correspondiente.
El aviso debe incluir lo necesario para actuar: el servicio afectado, el dashboard, los logs del periodo y un procedimiento. Una alerta sin contexto ni respuesta posible solo genera ruido.
Cómo entra el SLO
El SLI es la medida: proporción de informes generados correctamente. El
SLO fija el objetivo: por ejemplo, 99,9 % durante 30 días. El 0,1 %
restante es el presupuesto de error; por cada 10.000 informes permite 10
fallos sin bajar del objetivo.
Una regla fija como «más del 1 %» no sabe cuánto presupuesto queda. El burn rate mide el ritmo al que se consume ese margen. Mantener un 1 % de fallos consume diez veces más rápido el presupuesto permitido por un objetivo del 99,9 %.
Observar un periodo corto y otro más largo permite distinguir un pico pasajero de un deterioro sostenido que terminará agotando el presupuesto.
Cuándo debe interrumpir a alguien
Alerta por síntomas que afectan a quien genera el informe: errores, latencia o incapacidad para completar la operación. CPU alta puede ayudar a diagnosticar, pero no merece una página si el servicio sigue cumpliendo su objetivo y nadie tiene una acción concreta.
Con poco tráfico, un solo fallo produce un porcentaje enorme; conviene exigir un volumen mínimo o esperar más tiempo. Cada alerta necesita una persona responsable y una acción clara. Si siempre se ignora, no es una alerta útil.